domingo, 21 de mayo de 2017

RECUERDAME BONITO



"El pasado nos define, y tenemos motivos para esforzarnos en huir de él o de lo malo que haya ocurrido, pero solo conseguiremos dejarlo atrás aportando cosas positivas" (Wendell Berry)

 



 Puede sonar demasiado sincero y vacío, pero me gustan las películas en las que no tengo que pensar. No es que las “profundas” sean malas, a veces hasta me sorprenden, pero prefiero las comedias románticas, esas que me hacen reír y suspirar; o las historias de amor con las que puedo sufrir un poco más que de costumbre. Una vez vi una película de esas que no permiten distracciones: Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Además de ser muy loca (no tengo nada en contra de las cosas locas, normalmente son las mejores cosas de la vida), tuve que poner mi cerebro a sudar. Y contrario a lo que esperaba, terminó gustándome.

Lo que me dejó esta película, aparte del cansancio mental, fue la esperanza de que algún día pudiera ser posible eso de borrar nuestra memoria. Tal vez resulte un poco sinvergüenza querer algo así. 

Después de todo, deberíamos tener la fortaleza para evitar que los recuerdos desagradables nos atormenten. Pero nadie puede negar el éxito rotundo que esto tendría en el mercado de los despechados. Esa parte de la población pagaría, con los ojos cerrados, por este servicio. 

Y es que, en cuestión de minutos, cualquiera pudiera “arrancar” de su cabeza un amor imposible, o uno de esos que traicionan sin piedad.

Aunque ciertamente esto nos facilitaría la vida, afortunadamente, no existe. Y es que recordar situaciones positivas resulta beneficioso para nuestra salud. En este sentido, al borrar nuestros recuerdos, estaríamos cometiendo un grave error: eliminaríamos una herramienta efectiva que podríamos aprovechar a nuestro favor. 

Sabemos que traer a la mente un buen recuerdo, permite que reaparezcan aquellas sensaciones que vivimos cuando nos ocurrió la situación. Pero según una investigación de la Universidad de Rutgers en Estados Unidos, esto además combate la depresión y reduce los niveles de estrés en las personas.

El estudio, en el que se utilizaron resonancias magnéticas, arrojó resultados sorprendentes. Al parecer, rememorar un recuerdo hermoso y agradable activa el sistema de recompensa del cerebro con la misma intensidad como si estuviera ocurriendo el suceso en la realidad. 

Cuando las personas recordaban una experiencia grata, sus cerebros segregaban dopamina, un neurotransmisor asociado con la sensación del placer, que además nos da felicidad. Según los investigadores, esto podría ser magnífico para tratar los problemas de depresión y darnos ánimo para vivir el presente.


Y para terminar una frase que me gusta mucho y que viene en algo al tema:   

"El pasado nos define, y tenemos motivos para esforzarnos en huir de él o de lo malo que haya ocurrido, pero solo conseguiremos dejarlo atrás aportando cosas positivas" (Wendell Berry)

...... y quizas si tan solo recordamos lo bonito.

Rebeca.



miércoles, 17 de mayo de 2017

REENCUENTROS DE AMOR

¿ES EL ALMA GEMELA NUESTRO COMPAÑERO (A) DE VIDA?
La pregunta es tan compleja como sencilla.
A lo largo de la historia nos han contado que nuestra Alma Gemela es nuestra otra mitad, nuestro espejo, un ser que llega y nos completa, nos hacemos uno y esa unión terrenal será eterna. Nos casaremos, tendremos familia a su lado y será un hermoso cuento de hadas.
La realidad es que lejos de ser ideal dista de ser real.
Dista mucho del propósito común que tienen estos dos seres.
El cuál, si bien se puede dar no es precisamente casarse y procrear hijos.
Estos dos seres están en la búsqueda continua de su crecimiento, más que un encuentro para FORMAR es un reencuentro para TRANSFORMAR.
Su unión es eterna en el plano espiritual más no de manera determinante en el plano terrenal, por alguna u otra circunstancia la vida misma los " separa" los hace tomar otro sendero y sin embargo el mutuo amor, la complicidad y la calidez que sienten sus corazones jamás termina.
Las Almas Gemelas pueden ya tener una vida.
Un compromiso.
Una familia.
Una pareja.
Un destino.
Pero eso no impide en lo absoluto reencontrarse por amor, unirse por intención y alejarse por evolución.
El motivo de cruzar sus caminos no es para facilitar la existencia de ambos si no para "complicarla" en el sentido de que atacarán sus miedos para transformarlos en seguridad, se harán reconocer sus debilidades para construir fortalezas y se dirán palabras nunca antes pronunciadas para abrir sus caminos y sus mentes.
En el infinito amor que se tienen buscaran no solo el crecimiento de uno si no de un conjunto. Y en este crecimiento mutuo podrán tomar distancia en el tiempo que sea perfecto para ambos (1 mes, un año, diez años).pues ya han aprendido y vivido su propia experiencia.
Más suceda lo que suceda de tu boca sólo emanará amor, satisfacción y agradecimiento hacia esa persona.
El alma gemela no es precisamente la unión y formalización de una pareja.
Es el encuentro, la revelación, el conocimiento, inspiración, fortaleza y significado de dos Almas en busca de sentido y dirección.
Nuestra misión en la Vida tampoco consiste en encontrarla si no en saber apreciar el momento cuando llega.
Y cuando llega no radica en atarla, si no en abrazarla con la libertad de nuestro corazón.
Kok - Uhga
Arte: Pinterest

sábado, 13 de mayo de 2017

MAGNOLIAS DE ACERO






MIS MAGNOLIAS DE ACERO

“Magnolias de acero” Amo esa frase porque me habla de la esencia de la femineidad. Mezcla la belleza con la perseverancia, la suavidad con temple, delicadeza con duradero, dulzura con resistencia. 
Esta frase fue popularizada por la película de 1989, "Magnolias de acero", en la que seis mujeres  soportan diversas dificultades, pero se levantan por encima de ellas. El término se refiere a la naturaleza delicada pero fuerte que tienen las mujeres.

Me recuerda la exclamación del primer hombre al ver la primera mujer. Cuando Adán la miró, expresó un poema exuberante y espontaneo: “Esta es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne; ella será llamada mujer (Ishsha), porque del hombre (Ish) fue tomada.” Genesis 2:23

En contraste, la suavidad de una mujer se refiere a su capacidad de quedar embarazada, su accesibilidad y vulnerabilidad (en el buen sentido).

En la medida en que meditaba en esta verdad, he pensado en cómo reflejar la belleza de la mujer, Cómo ser “suave” y “sensible” . Le he pedido al Señor que me muestre áreas donde mi corazón se ha vuelto “brusco”.

Mujeres, cuando escuchamos lo que dice el mundo, olvidamos que nuestra suavidad es nuestra mayor fortaleza y suprema belleza.

Hoy quiero dejar éste pequeño homenaje a mi madre y a mi abuela, de quien llevo su nombre. No la conocí, pero conocí su historia de belleza y fortaleza. Mi Mamá Raquel es una de mis Magnolias de Acero y la llevó en mi corazón además de llevar ese hermoso regalo de llevar su nombre por decisión de mi madre, el más hermoso regalo que me haya hecho , por cierto.

Agradecer ser una prolongación de ellas, agradecer ser……Una Magnolia de Acero.




Rebeca

jueves, 11 de mayo de 2017

EL ARTE DE AMAR - PARTE 2 - Erich Fromm ( Fragmentos )

El acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que existe entre dos seres humanos, excepto en forma momentánea.
Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, el patrón del grupo, estoy salvado: salvado de mi temible experiencia de la soledad.
La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos- y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría-.
“Quien salva una sola vida, es como si hubiera salvado a todo el mundo, quien destruye una sola vida, es como si hubiera destruido a todo el mundo”.
Todos obedecen las mismas órdenes, y no obstante, todos están convencidos de que siguen sus propios deseos. Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización del hombre, y esa estandarización es llamada “igualdad”.
El hombre se convierte en “ocho horas de trabajo” […] Tiene muy poca iniciativa, sus tareas están prescritas por la organización del trabajo […] Aún los sentimientos están prescritos.
Desde el nacimiento hasta la muerte, de lunes a lunes, de la mañana a la noche: todas las actividades están rutinizadas y prefabricadas. ¿Cómo puede un hombre preso en esa red de actividades rutinarias recordar que es un hombre, un individuo único, al que solo le ha sido otorgada una única oportunidad de vivir, con esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con el anhelo de amar y el miedo a la nada y a la separatidad?
El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque” […] dar, no recibir. ¿Qué es dar? El malentendido más común consiste en suponer que dar significa “renunciar” a algo, privarse de algo, sacrificarse.
¿Qué le da una persona a otra? […] da lo que está vivo en él […] No da con el fin de recibir, dar es de por si una dicha exquisita […] Dar implica hacer de la otra persona un dador, y ambas comparten la alegría de lo que han creado. […] el amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor.
Nos conocemos y, a pesar de todos los esfuerzos que podamos realizar, no nos conocemos. Conocemos a nuestros semejantes y, sin embargo, no los conocemos, porque no somos una cosa, y tampoco lo son nuestros semejantes. Cuanto más avanzamos hacia las profundidades de nuestro ser, o el ser de los otros, más nos elude la meta del conocimiento. Sin embargo, no podemos dejar de sentir el deseo de penetrar en el secreto del alma humana, en el núcleo más profundo que es “él”.
El amor es la penetración activa en la otra persona […] En el acto de fusión, te conozco, me conozco a mi mismo, conozco a todos – y no “conozco” nada-.
El amor infantil sigue el principio: “Amo porque me aman”. El amor maduro obedece al principio: “Me aman porque amo”. El amor inmaduro dice: “Te amo porque te necesito”. El amor maduro dice: “Te necesito porque te amo”.
El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo […] Si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo la vida.
Como lo expresó bellamente Simone Weil: “las mismas palabras [por ejemplo, un hombre dice a su mujer, “te amo”] pueden ser triviales o extraordinarias según la forma en que se digan. Y esa forma depende de la profundidad de la región en el ser de un hombre de donde procedan, sin que la voluntad pueda hacer nada. Y, por un maravilloso acuerdo, alcanzan la misma región en quien las escucha. De tal modo, el que escucha puede discernir, si tiene alguna capacidad de discernimiento, cuál es el valor de las palabras.
En el amor erótico dos seres que estaban separados se convierten en uno solo. En el amor materno, dos seres que estaban unidos se separan.
Se llega a conocer a la persona “amada” tan bien como a uno mismo. O, quizá, sería mejor decir tan poco.
Pero para la mayoría de la gente, su propia persona, tanto como las otras cosas, resulta rápidamente explorada y agotada. Para ellos, la intimidad se establece principalmente a través del contacto sexual […] Pero la intimidad de este tipo tiende a disminuir cada vez más a medida que transcurre el tiempo. El resultado es que se trata de encontrar amor en la relación con otra persona, con un nuevo desconocido. Este se transforma nuevamente en una persona “íntima”, la experiencia de enamorarse vuelve a ser estimulante e intensa, para tornarse otra vez menos y menos intensa, y concluye en el deseo de una nueva conquista, un nuevo amor- siempre con la ilusión de que el nuevo amor será distinto de los anteriores-.
La atracción sexual crea, por un momento, la ilusión de la unión, pero, sin amor, tal “unión” deja a los desconocidos tan desesperados como antes.
Un nombre siempre denota una cosa, o una persona, algo finito.
“Conocer y, no obstante [pensar] que no conocemos es el más alto [logro]; no conocer [y sin embargo pensar] que conocemos es  una enfermedad”.
El problema humano del capitalismo moderno puede formularse de la siguiente manera: El capitalismo moderno necesita hombres que cooperen mansamente y en gran número; que quieran consumir cada vez más; y cuyos gustos estén estandarizados y puedan modificarse y anticiparse fácilmente. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, principio o conciencia moral – dispuestos, empero, a que los manejen, a hacer lo que se espera de ellos, a encajar sin dificultades en la maquinaria social-; a los que se pueda guiar sin recurrir a la fuera, conducir, sin líderes, impulsar sin finalidad alguna -excepto la de cumplir, apresurarse, funcionar, seguir adelante-. ¿Cuál es el resultado? El hombre moderno está enajenado de sí mismo, de sus semejantes y de la naturaleza. Se ha transformado en un artículo, experimenta las fuerzas vitales como una inversión que debe producirle el máximo de beneficios posible en las condiciones imperantes en el mercado. Las relaciones humanas son esencialmente las de autómatas enajenados en las que cada uno basa su seguridad en mantenerse cerca del rebaño y en no diferir en el pensamiento, el sentimiento o la acción. Al mismo tiempo que todos tratan de estar tan cerca de los demás como sea posible, todos permanecen tremendamente solos, invadidos por el profundo sentimiento de inseguridad, de angustia y de culpa que surge siempre que es imposible superar la separatidad humana. Nuestra sociedad ofrece muchos paliativos que ayudan a la gente a ignorar conscientemente esa soledad: en primer término, la estricta rutina del trabajo burocratizado y mecánico, que ayuda a la gente a no tomar conciencia de sus deseos humanos más fundamentales, del anhelo de trascendencia y unidad. En la medida en que la rutina sola no basta para lograr ese fin, el hombre se sobrepone a su desesperación inconsciente por medio de la rutina de la diversión, la consumición pasiva de sonidos y visiones que ofrece la industria del entretenimiento; y, además, por medio de la satisfacción de comprar siempre cosas nuevas y cambiarlas inmediatamente por otras. El hombre moderno está actualmente muy cerca de la imagen que Huxley describe en Un mundo feliz: bien alimentado, bien vestido, sexualmente satisfecho, y no obstante sin yo, sin contacto alguno, salvo el más superficial, con sus semejantes, guiado por los lemas que Huxley formula tan sucintamente, tales como: “Cuando el individuo siente, la comunidad tambalea”; o “Nunca dejes para mañana la diversión que puedes conseguir hoy”, o como la afirmación final: “Todo el mundo es feliz hoy en día” La felicidad del hombre moderno consiste en “divertirse”. Divertirse significa la satisfacción de consumir y asimilar artículos, espectáculos, comida, bebidas, cigarrillos, gente, conferencias, libros, películas; todo se consume, se traga. El mundo es un enorme objeto de nuestro apetito, una gran manzana, una gran botella, un enorme pecho; todos succionamos, los eternamente expectantes, los esperanzados -y los eternamente desilusionados-. Nuestro carácter está equipado para intercambiar y recibir, para traficar y consumir; todo, tanto los objetos materiales, como los espirituales, se convierten en objeto de intercambio y de consumo.
El amor como satisfacción sexual recíproca, y el amor como “trabajo en equipo” y como refugio de la soledad, constituyen las dos formas “normales” de la desintegración del amor en la sociedad occidental contemporánea, de la patología del amor socialmente determinado.
Cualquier estudio detallado demostraría, empero, que la atmósfera de tensión e infelicidad dentro de la “familia unida” es más nociva para los niños que una ruptura franca, que les enseña, por lo menos, que el hombre es capaz de poner fin a una situación intolerable por medio de una decisión valiente.
Otro error muy frecuente: la ilusión de que el amor significa necesariamente la ausencia de conflicto.
El amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos.
Nuestra cultura lleva a una forma de vida difusa y desconcentrada, que casi no registra paralelos. Se hacen muchas cosas a la vez: se lee, se escucha la radio, se habla, se fuma, se come, se bebe. Somos consumidores con la boca siempre abierta, ansiosos y dispuestos a tragarlo todo: películas, bebidas, conocimiento. Esa falta de concentración se manifiesta claramente en nuestra dificultad para estar a solas con nosotros mismos. Quedarse sentado, sin hablar, fumar, leer o beber, es imposible para la mayoría de la gente. Se ponen nerviosos e inquietos y deben hacer algo con la boca o con las manos.
Los valores humanos están determinados por los valores económicos […] El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana -salvo matarlo-.
Concentrarse en la relación con otros significa fundamentalmente poder escuchar. La mayoría de la gente oye a los demás, y aun da consejos, sin escuchar realmente.
Estar concentrado significa vivir plenamente en el presente, en el aquí y el ahora, y no pensar en la tarea siguiente mientras estoy realizando otra.
Educación significa ayudar al niño a realizar sus potencialidades. Lo contrario de la educación es la manipulación, que se basa en la ausencia de fe, en el desarrollo de las potencialidades y en la convicción de que un niño será como corresponde sólo si los adultos le inculcan lo que es deseable y suprimen lo que parece indeseable.
La situación paradójica de multitud de individuos hoy en día es que están semidormidos durante el día y semidespiertos cuando duermen o cuando quieren dormir.
La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción, el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea.

domingo, 7 de mayo de 2017

EN SUS ZAPATOS

Uno de los personajes más emblemáticos de toda la Historia del Cine, Atticus Finch, personaje principal de Matar un Ruiseñor , decía: 'Nunca conocerás a una persona hasta que te hayas calzado sus zapatos'. Pues bien, ésta podría ser la filosofía de la nueva película de Curtis Hanson , que desde que estrenó L.A.Confidential , se convirtió en un director interesante.
Cuando vi esta pelicula en su momento, no me fué de gran impacto, pero al verla nuevamente, y como sucede cuando lees un libro por segunda vez, me percaté de algunos detalles que quiero registrar en éste espacio.

IN HER SHOES,  una de mis películas favoritas, (la verdad es que ¡tengo muchas!), pero en una de ellas, en ésta,  con Cameron Díaz y Toni Collete (quien hace un actuación hermosa, de cualquier chica con problemas de autoestima), conocí otro lado de la moneda respecto al concepto del poema de E.E Cummings: "Te llevo en mi corazón". Ciertas veces solemos emparejar los poemas con el amor Eros, pero la mayoría no es así. 

Este poema, el personaje de Cameron se lo dedica el día de la boda de su hermana (Toni Collete), quien lo representa con un amor puro de familia. Ahora quiero compartirlo contigo mi muy querido lector, que para mi gusto es hermoso. 


Llevo tu corazón.

Llevo tu corazón conmigo
(lo llevo en mi corazón)
nunca estoy sin él
(tú vas dondequiera que yo voy, amor mío;
y todo lo que hago por mí mismo
lo haces tú también, amada mía).

No temo al destino
(pues tú eres mi destino, mi amor)
no deseo ningún mundo
(pues hermosa tú eres mi mundo, mi verdad)
y tú eres todo lo que una luna siempre ha sido
y todo lo que un sol cantará siempre eres tú.

He aquí el más profundo secreto que nadie conoce
(he aquí la raíz de la raíz y el brote del brote
y el cielo del cielo de un árbol llamado vida;
que crece más alto de lo que un alma puede esperar
o una mente puede ocultar)
y éste es el prodigio que mantiene a las estrellas separadas.
 Edward Estlin Cummings

Tambien pude apreciar mejor un bello poema que se toca en la cinta, poema de gran contenido y profundidad.
 Este poema de Elizabeth Bishop (1911-1979) me fascinó a la primera lectura. Creo que el contraste entre la vulnerabilidad desde la que habla y la impecable ejecución formal, aliadas, son una excelente muestra de las mejores cualidades de su obra poética. 
Creo que es esencial al poema la tensión entre el juego pueril, en apariencia tan inofensivo, de la rima o el verso y la tristeza de su contenido o, mejor, que es sólo gracias a su transposición a un plano casi musical es posible decir este tipo de cosas sin caer en melodramas. Germán Carrasco incluyó, en su libro Calas, una variación de este poema que me pareció muy acertada al escucharla, que habla del arte de perder ....

                                                                                            
Un arte

El arte de perder no es difícil adquirirlo.

Tantas cosas parecen empeñadas
en perderse, que su pérdida no es un desastre.

Pierde algo cada día.

Acepta el tumulto
de llaves de puertas perdidas, la hora malgastada.


El arte de perder no es difícil adquirirlo.


Practica entonces perder más aún, y más rápido:
lugares, nombres, y el sitio al que se suponía
que viajarías.


Nada de esto será un desastre.

Perdí el reloj de mi madre, y -¡mira!- la última, o
penúltima de tres casas que amaba se fue.


El arte de perder no es difícil adquirirlo.


Perdí dos ciudades, ambas adorables. Y, más ampliamente,
algunos sitios de los que era dueña, dos ríos, un continente.


Los echo de menos, pero no fue un desastre.


-Hasta al perderte a ti (la voz bromista, un gesto
de amor) no habré mentido. 


Es evidente que el arte de perder 
no es demasiado difícil de adquirir
aunque parezca por momentos (¡Escríbelo!) 

un desastre.

Elizabeth Bishop 




 Rebeca.

miércoles, 26 de abril de 2017

ACONTECIMIENTOS TRAUMATICOS- EL DUELO

Las 5 etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación es el recorrido que se transita para sanar la pérdida de un ser querido, según Elisabeth Kübler-Ross”.

Las 5 etapas del duelo según la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross* es una de las descripciones más populares conocidas sobre el tema.  Esta dice que los dolientes no atravesarán por ellas en un orden prescrito sino que se trata de un marco que nos permite iniciar un proceso de aprendizaje donde finalmente comprenderemos que es posible convivir con esta pérdida y continuar en una realidad en la que este familiar ya no estará. Estas 5 etapas del duelo fueron propuestas por primera vez por Kübler-Ross en su libro de 1969 “On Death and Dying” donde, basado en su trabajo con pacientes en fase terminal, esta autora afirmó que luego de la muerte se inicia un proceso por el cual la gente lidia con esta pérdida.
Si bien como se menciona arriba, estas etapas no suceden en orden sino que vamos y venimos de ellas hasta finalmente aceptar la muerte como un hecho inevitable de la vida, la clave de estas etapas es comprender cómo se produce este proceso de duelo y en qué etapa usted se encuentra. A continuación te informaremos sobre cada una de estas fases.

PRIMERA ETAPA DEL DUELO: LA NEGACIÓN

Cuando una persona se entera de la enfermedad terminal o muerte de un ser querido, su primera reacción es negar la realidad de esta noticia devastadora.

La negación consiste en el rechazo consciente o inconsciente de los hechos o la realidad de la situación. Este mecanismo de defensa busca amortiguar el shock que produce la nueva realidad para sólo dejar entrar en nosotros el dolor que estamos preparados para soportar. Se trata de una respuesta temporal que nos paraliza y nos hace escondernos de los hechos. La frase que podría resumir la esencia de esta etapa es “Esto no me puede estar pasando a mí”.
En este primer momento, el mundo pierde sentido y nos abruma. Nos preguntamos cómo podemos seguir adelante. No es que estemos negando que la muerte o la pérdida se hayan producido sino que nos invade un sentimiento de incredulidad de que la persona que amamos no la veremos nunca más. Los sentimientos de esta etapa nos protegen brindando a nuestro cuerpo y mente un poco de tiempo para adaptarse a esta nueva realidad sin la persona fallecida. Luego el doliente comienza a sentirse como si lentamente estuviera despertando, recordando lo sucedido progresivamente.
Si bien la negación es una parte normal del proceso de duelo es importante destacar que  si el doliente perdura durante mucho tiempo en ella puede llegar a ser perjudicial ya que al no aceptar lo que les ha ocurrido, no son capaces de enfrentar esta pérdida y seguir adelante. Cuando esta negación se hace persistente, la represión podría también dar lugar a enfermedades físicas como malestar estomacal, dolor de pecho o hipertensión. 

SEGUNDA ETAPA DEL DUELO: LA IRA

Cuando ya no es posible ocultar o negar esta muerte comienza a surgir la realidad de la pérdida y su consecuente dolor.

Si bien los sentimientos de enojo estarán presentes con distinta intensidad durante todo el proceso de duelo, es en esta etapa donde la ira toma el protagonismo dirigiéndose este enojo al ser querido fallecido, a nosotros mismos, a amigos, familiares, objetos inanimados e inclusive a personas extrañas. Se siente un resentimiento hacia la persona que nos ha dejado causando un inmenso dolor en nosotros pero este enojo se vive con culpa haciéndonos sentir más enojados aún. La frase que podría contener la esencia de esta etapa es “¿Por qué yo? ¡No es justo!”, “¿Cómo puede sucederme esto a mí?” Esta comprensión del “por qué” de las cosas puede ayudarte a encontrar una cierta paz.
Puedes preguntarte, “¿Dónde ha estado Dios cuando me sucedía esto?”. De acuerdo a la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, es importante que los familiares y amigos del doliente dejen que éste exprese libremente su ira sin juzgarlo o reprenderlo ya que este enojo no sólo es temporal sino que, principalmente, necesario. Debajo de esta ira ilimitada se encuentra el dolor producido por esta pérdida. Si somos capaces de identificar esta ira y expresarla sin temores podremos comprender que ella es parte del proceso de curación.
Para eso se pueden emplear diversos métodos de expresión como escribir una carta al ser querido fallecido para expresar tu enojo, establecer un diálogo imaginario con ellos para compartir tus sentimientos, hablar con un amigo o familiar, realizar ejercicios físicos o bien practicar la meditación como un camino para calmar y canalizar estas emociones abrumadoras.

TERCERA ETAPA DEL DUELO: LA NEGOCIACIÓN

En esta etapa surge la esperanza de que se puede posponer o retrasar la muerte de la persona moribunda.

La etapa de negociación puede ocurrir antes de la pérdida, en caso de tener a una familiar con enfermedad terminal, o bien después de la muerte para intentar negociar el dolor que produce esta distancia. En secreto el doliente busca hacer un trato con Dios u otro poder superior para que su ser querido fallecido regrese a cambio de un estilo de vida reformado. Este mecanismo de defensa para protegerse de la dolorosa realidad no suele ofrecer una solución sostenible en el tiempo y puede conducir al remordimiento y la culpa interfiriendo con la curación.
Se desea volver a la vida que se tenía antes de que muriera el ser querido y que éste vuelva a nosotros. Se concentra gran parte del tiempo en lo que el doliente u otras personas podrían haber hecho diferente para evitar esta muerte. Las intenciones de volver el tiempo atrás es un deseo frecuente en esta etapa para así haber reconocido a tiempo la enfermedad o evitar que el accidente sucediera. La frase que resume esta etapa es “¿Qué hubiera sucedido si…?” Nos quedamos en el pasado para intentar negociar nuestra salida de la herida mientras pensamos en lo maravillosa que sería la vida si éste ser querido estuviera con nosotros.
Esta fase del duelo suele ser la más breve de todas las etapas ya que se trata del último esfuerzo para encontrar alguna manera de aliviar el dolor por lo que supone un trabajo agotador para la mente y el cuerpo al tener que lidiar con pensamientos y fantasías que no coinciden con la realidad actual. Por eso es importante conectarse con las personas y actividades del presente siguiendo una rutina que le brinde a tu mente la comodidad de realizar tareas regulares

CUARTA ETAPA DEL DUELO: LA DEPRESIÓN 

En esta cuarta etapa el doliente comienza a comprender la certeza de la muerte y expresa un aislamiento social en el que se rechaza la visita de seres queridos.

Se siente tristeza, miedo e incertidumbre ante lo que vendrá. Sentimos que nos preocupamos mucho por cosas que no tienen demasiada importancia mientras que levantarse cada día de la cama se siente como una tarea realmente complicada. Estos sentimientos muestran que el doliente ha comenzado a aceptar la situación. La frase que contiene la esencia de esta etapa es “Extraño a mi ser querido, ¿por qué seguir?”
En esta etapa la atención del doliente se vuelve al presente surgiendo sentimientos de vacío y profundo dolor. Se suele mostrar impaciente ante tanto sufrimiento sintiendo un agotamiento físico y mental que lo lleva a dormir largas horas. Además la irritabilidad y la impotencia toman un gran protagonismo ya que durante esta etapa se enfrenta a la irreversibilidad de la muerte.
Si bien el doliente siente que esta etapa durará por siempre es importante considerar que la depresión de este proceso de duelo no es sinónimo de enfermedad mental  sino que se trata de una respuesta adecuada a una gran pérdida por lo que las emociones de la depresión deben ser experimentadas para sanar. Sé paciente contigo mismo y recuerda que sentir esta depresión es la manera de salir de ella.

QUINTA ETAPA DEL DUELO: LA ACEPTACIÓN

Es el momento en donde hacemos las paces con esta pérdida permitiéndonos una oportunidad de vivir a pesar de la ausencia del ser querido.

El doliente llega a un acuerdo con este acontecimiento trágico gracias a la experiencia de la depresión. Esta etapa no significa que estamos de acuerdo con esta muerte sino que la pérdida siempre será una parte de nosotros. Este proceso nos permite reflexionar sobre el sentido de la vida así como lo que queremos de la vida a partir de ahora. La frase que resume la esencia de esta etapa es “Todo va a estar bien”.
Esta etapa consiste en aceptar la realidad de que nuestro ser querido se ha ido físicamente por lo que debemos comprender que esta nueva realidad que vivimos sin él será nuestra realidad permanente de ahora en adelante. Se trata de aprender a convivir con esta pérdida y crecer a través del conocimiento de nuestros sentimientos. Comenzamos a depositar nuestras energías en nuestras amistades y en nosotros mismos estableciendo una relación distinta con la persona fallecida.
La rutina diaria toma un mayor protagonismo en la vida del doliente mientras que ya no se invocan los recuerdos del ser querido con sentimientos de culpa. Esta introspección te permitirá realizar una evaluación de tu vida y analizar cuál es el crecimiento obtenido durante este proceso a partir del cumplimiento de asuntos irresueltos. Esto se debe a que puedes observar que las cosas malas le suceden a la gente buena y a la gente mala también, por lo que la muerte no es percibida como un “castigo” sino como parte de la vida.
*Elisabeth Kübler-Ross (Zurich 1926 – Arizona 2004) psiquiatra y escritora suizo-estadounidense, fue una de las mayores expertas mundiales en temas de la muerte, personas moribundas y cuidados paliativos. Fue pionera en el campo de la investigación de las experiencias cercanas a la muerte. Actualmente es reconocida como una autoridad en la materia. (Wikipedia)
Fuente: Libro “On death and dying” de Elisabeth Kübler-Ross